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lunes, 4 de febrero de 2013

Las inconsecuencias y las inconsistencias de la negociación con las FARC

Editorial por: José Girón Sierra
Socio del Instituto Popular de Capacitación, experto en temas de paz y conflicto

Cuando el gobierno reconoció la existencia de un conflicto armado en Colombia negado durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, una de las implicaciones de dicho reconocimiento era por lo menos la aceptación de que en Colombia existían actores armados que disputaban el poder y que esa disputa se hacía por canales de la guerra no por los canales de la legalidad. Si además de esto, el gobierno ha decidido, y lo ha sostenido de manera vehemente, que no es posible el cese al fuego sino que éste será una consecuencia, si a él se llega con la firma del pacto del fin del conflicto armado entre Estado colombiano y FARC, se admite que las acciones armadas bien sean del gobierno o de la guerrilla, al margen de sus impactos y consecuencias, no deberían repercutir en sí mismas en el proceso de negociación. 

Sin embargo la realidad ha sido otra. Desde el Ministerio de Defensa y con los medios de comunicación como caja de resonancia, las acciones armadas ofensivas y defensivas de la guerrilla han sido utilizadas no sólo para cuestionar en general el proceso de negociación sino para deliberadamente cuestionar a las FARC y tender un manto de incredulidad persistente sobre lo que dicen y hacen sobre todo en su propuesta de pactar un cese al fuego. Se da por sentado que las acciones armadas adelantadas por el gobierno son legítimas. En el marco de una confrontación armada como la que vive Colombia es de esperarse que el Estado capture y dé de baja a guerrilleros y que éstos a su vez lleven a cabo lo mismo, a nadie le podría caber en la cabeza que esto podría ser válido para unos pero vedado para  los otros. Por ello, el comunicado leído por el gobierno a raíz de los policías retenidos recientemente por las FARC,  acusa una importante inconsecuencia.

Por ello negociar en medio del conflicto es la peor de las opciones, pues la guerra adquiere la dinámica de estar al servicio de las posiciones en la mesa de negociación  por un lado pero, por otro, no sólo impide la construcción de confianzas tan necesarias para los acuerdos sino que crea un terreno resbaladizo que jalona más hacia un escenario de ruptura que de construcción y consolidación del proceso. No dejaremos de reiterar que bajo estas condiciones este proceso camina en el borde del abismo y en ello no hay otro responsable sino el Gobierno.

Desde el comienzo de estas negociaciones ni el Gobierno ni la guerrilla han sido claros cuando de las víctimas se trata. Han sido irritantes sus poses de víctimas. Predomina la vaguedad y la inconsistencia  en sus pronunciamientos. El gobierno elude sus responsabilidades históricas en la génesis de éste conflicto y quiere minimizar, cuando  no  ocultar, su papel en la degradación de esta guerra bajo el falso dilema de defender a cualquier precio la moral de la tropa. La guerrilla, por su lado,   no se diferencia mucho del gobierno, su postura frente a hechos tan significativos como el desplazamiento y el despojo de tierras sólo deja un mal sabor y una profunda preocupación. Que el 30% de los reclamantes de tierras acusen a las FARC de ser responsables, según informe del Ministerio de Agricultura, es un hecho que la guerrilla debe explicar y no escudarse en que esto es obra de la mala propaganda orquestada por sus enemigos.  

La guerrilla necesita ser creíble, es sin duda su mayor urgencia, y para ello debe mostrarle a la sociedad Colombia y a la comunidad internacional sobre lo irreductible de su vocación de paz y eso exige decisiones osadas y menos discursos cargados de ideología.  Como en su momento lo hizo el IRA, las FARC deberían, entre otras, declarar unilateralmente un cese al fuego en acciones ofensivas y aplicar el DIH en las acciones defensivas. Es indispensable que desde la política y no desde la guerra, las FARC neutralice a los enemigos públicos y ocultos de la paz. 

La iniciativa en la guerra y en la política hoy la tiene el gobierno y, en las disputas y contradicciones al interior de la elite, podría ganar la tesis de que es posible la derrota militar de la insurgencia.  ¿Será que la insurgencia después de todo no se aleja en nada de esta misma tesis pero bajo la idea de que sigue siendo válida la lucha armada?  

El proceso reclama transparencia. El gobierno y las FARC podrían ser víctimas ahora sí de su propio invento o estrategia, de seguirle jugando a las inconsistencias e inconsecuencias. Ojalá sea la cordura y la reflexión lo que prime y no la pasión y la irracionalidad ante los nuevos  e inevitables hechos de guerra.

José Girón Sierra
Enero 2013

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Colombia necesita una noche de paz



Por lo menos en occidente, la navidad está cargada de un conjunto de simbolismos que alientan los mejores sentimientos. Se hipertrofia la amistad, la solidaridad, el sentido de compartir y  la familia, como estructura social, es en si misma la que condensa ese conjunto de valores y de comportamientos afectuosos. Pero en todo esto ronda de manera invisible la confianza, como el sentimiento que nos hace sentir seguros en ese cúmulo de relaciones siempre tan complejas, que los humanos adelantamos en espacios y temporalidades tan diversas. Por ello, la navidad  y la  noche de paz suelen ser una y la misma cosa, como la época en la cual los fantasmas de la oscuridad y los monstruos de las tinieblas se disipan y dan paso a la confianza y a la seguridad. Ahí no hay cabida pues al miedo ni al odio, menos a la sed de venganza.

Nos encontramos en unos diálogos que prenden darle fin a un conflicto que por décadas ha llenado los campos de víctimas, de huérfanos, de viudas. Que ha provocado el desarraigo de millones de personas y que ha dejado como secuelas odio, desesperanza y sobre todo una profunda desconfianza no sólo entre las fuerzas combatientes sino sobre todo en la sociedad. De esta manera y en una lógica simplista debiera ocupar cierta preponderancia la tarea de abrir un camino a la  remoción todo aquello que alimente la desconfianza. Sin duda no estamos frente a algo sencillo, pero intentar reconocer al otro, promover el trato respetuoso, tener oídos para una escucha de calidad que elimine toda posibilidad a un dialogo de sordos, pudieran ser los principios elementales que deberían observarse ya que, puestos en práctica por las fuerzas que combaten, sería un mensaje muy fuerte para una sociedad incrédula, desconfiada y pesimista.

Más el gobierno que la guerrilla ha decidido que este dialogo se desarrolle en medio del conflicto. Las razones parecen ser de pura estrategia militar. El gobierno que está a la ofensiva y que cree encontrar en la guerra, como no hace mucho lo creía la guerrilla, una gran oportunidad para arrodillar a su enemigo histórico y reducirlo en sus pretensiones, no está dispuesto a conceder ninguna ventaja a la manera de un cese al fuego.  ¿Cual es el problema de una táctica como ésta? Se trata del peor escenario para construir confianzas, cada hecho de guerra profundiza la necesidad de responder  no desde la palabra sino desde el fusil.

No es posible pensar en acuerdos medianamente sólidos si es que a ellos se llega, a punta de bofetazos. El papel que hasta hoy cumple por ejemplo el Ministro de Defensa es elocuente al respecto. En sus pronunciamientos no hay nada que se alinee con el escenario de diálogo, allí es reiterativo el discurso descalificador e insultante, el discurso que llama a no creer en lo que por otro lado el Presidente Santos hace en la Habana.

En un escenario como éste, y en la medida en que  se van cocinando los acuerdos, empiezan a tomar partido sectores de la elite empresarial  y afloran los enemigos del proceso que incentivan la desconfianza y alientan el fracaso al ver amenazados sus intereses. Como ejemplo de esta situación, vemos la decisión de FADEGAN, al marginarse del Foro Agrario convocado por la mesa de negociación. Algo similar hicieron en el proceso del Caguán cuando en uno de sus congresos, con militares a bordo, se opusieron a cualquier acuerdo que los implicara. Por ello, no es casual que en encuesta reciente sea llamativa la idea dominante de  fracaso de los diálogos que apenas comienzan.

Ojalá y por las razones expuestas, más temprano que tarde el cese al fuego sea un tema que pueda ser abordado y acordado y para ello, es indispensable que definitivamente se llegue con convicción al aserto de que por la vía de la guerra no le será posible el triunfo a ninguno de los bandos.

En esta guerra la pose de bueno o de víctima como a veces parece colegirse de ciertos pronunciamientos de guerrilla y gobierno llegan al ridículo habida cuenta de las razones históricas que condujeron a esta confrontación y las prácticas de guerra degradas comunes a unos y a otros. Colombia necesita de una noche de paz y si bien esto entraña una construcción social es preciso que se den pasos concretos que vayan preparando el camino para que se CREA y para que se CONFIE. En esto juegan los principios elementales antes aludidos.

Que los simbolismos de la navidad promuevan entre todos(as) la posibilidad de una palabra no amenazada como el camino para entendernos aun en la diferencia.


José Girón Sierra
Diciembre 18 de 2012

domingo, 9 de diciembre de 2012

La paz y las regiones


Editorial por José Girón Sierra
Socio del Instituto Popular de Capacitación

La afirmación de que la paz en Colombia se viste de los colores de las regiones, es completamente cierta. La realidad es elocuente: los imaginarios que al respecto se tienen en Caloto, Medellín, Yopal, Bogotá o el Catatumbo, no son los mismos. Para quienes la confrontación armada con la guerrilla  inunda su cotidianidad, sus demandas distan mucho de quienes en lo urbano acusan otras expresiones de las violencias como las que se derivan de la vida intrafamiliar y las acciones de las organizaciones urbanas que se articulan al narcotráfico y el paramilitarismo. Podría sonar exagerado, pero  para la mayoría de las ciudades capitales el conflicto con las guerrillas es algo lejano.

Por eso hablar de la paz en general acusa  una inexactitud de fondo que, aunque se reconoce, no tiene las consecuencias debidas sobre todo cuando se habla de construir e implementar políticas. Buena parte del fracaso de muchas políticas, pensadas con buenas intenciones, radica en que, por un lado, se han configurado con una mirada homogenizadora y centralista y sobre todo, han omitido las lógicas del poder regional, siendo allí donde, muchas de ellas, se hacen exitosas o como suele suceder, se desfiguran y pervierten. Con el afán de salirles al quite a la corrupción y a las debilidades estructurales del Estado local, se ha venido en una lógica regresiva de un centralismo que paraliza y profundiza las inercias de municipios y regiones, rompiendo con toda posibilidad de legitimar esas buenas intenciones. Es por ello que los gobernantes al no concebir que el éxito de una política en Colombia pasa por lo regional y  por entregarle al Estado local el poder y las condiciones para el desarrollo de sus competencias con miras a hacer realidad lo que apenas está en el papel, a la hora de los balances queden en franca deuda y le den cabida la desilusión del lectorado y  al remoquete de promeseros de turno. Mucha responsabilidad tienen al respecto los partidos políticos que sin ningún recato cohabitan en lo local  con las clientelas y toda gama de prácticas ilegales. De manera sintética, sin un Estado local fuerte en sentido democrático no es posible imaginar que se llegue a buen puerto incluida una paz duradera y sostenible.

Una ley tan decisiva para la paz en Colombia como la ley de víctimas y restitución de tierras, es un buen ejemplo de lo que se afirma. Abordar un tema tan complejo como el despojo de que han sido víctimas miles de campesinos y el acercarse en grado importante a la verdad de un conflicto, degradado en extremo, desde los escritorios bogotanos resulta una real caricatura. Lo más grave es que en gran medida los gobiernos locales, de manera cómoda, quieren que el gasto lo haga el gobierno central, entre otras cosas porque esto les permite a algunos no crearse  problemas con los victimarios y despojadores que hacen parte de esa elite económica y política que elige en las escalas más bajas del estado nacional, o simplemente, es colocar a la paz en el ámbito de los cálculos electorales. Estas contradicciones y paradojas son a las que muy poco se les presta atención lo cual no deja de despertar sospechas sobre los gobiernos que parecieran ignorarlo o que simplemente se hacen los de de la vista gorda.

En el mismo sentido, debería hacerse mención del proceso de negociación que se adelanta con las FARC y muy probablemente con el ELN. Resulta equivocado que, dentro de la comodidad que se mencionaba antes, se siga pensando en el gobierno nacional y local que el tema del conflicto armado y la seguridad  es sólo de la cuerda del Presidencia de la República. Asombra en Antioquia el silencio que al respecto se estila en Gobernación y Alcaldía, los gobernantes de uno de los territorios más golpeados por el conflicto con las guerrillas, el paramilitarismo y el narcotráfico.

Según lo acordado en la Habana, se da comienzo a  unos foros sobre la agenda acordada en torno a los cuales se presentaran las iniciativas que permitan darle forma al pacto al cual deseamos vehementemente que se llegue. El problema no radica en si la manija de este asunto tan crucial no la quiera soltar el Presidente Santos, el problema es que las regiones no pueden ser un convidado de piedra y  le es obligatorio jugar un papel destacado desde su dirigencia y sociedad civil organizada en jugársela para que este proceso sea exitoso atendiendo a sus propias particularidades. En Antioquia en particular, temas como  el despojo de tierras, la  democratización  de la sociedad expresada en la inclusión y una participación ciudadana eficaz, la introducción a un tema de tanta incumbencia para Antioquia como el narcotráfico y el tema de la seguridad urbana, asumida como un problema que va más allá de estrategias punitivas, sería un grave error de nuestros gobernantes caer en la praxis de que esto no es conmigo, pues el costo podría ser muy alto.

¿Por qué no crear el Consejo departamental y municipal de paz? ¿Por qué no crear mesas paralelas a los foros que convoquen el gobierno y guerrilla y producir propuestas e iniciativas en donde gobierno y ciudadanía incidan en la agenda convenida?

José Girón Sierra
Diciembre 2012 

lunes, 19 de noviembre de 2012

Expectativa: inician los diálogos de paz




Foto: Caracol Radio

En la Habana, Cuba, inician hoy los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC. Este proceso genera gran expectativa en Colombia y a nivel internacional porque se trata de un conflicto de 50 años, el más antiguo de Latinoamérica. Algunos analistas esperan que en este primer día de diálogo las partes ofrezcan mejor claridad sobre los puntos de la agenda establecida.

El Palacio de Convenciones de La Habana, en el sector de Miramar, es el lugar donde se reunirán los delegados del gobierno colombiano, en cabeza de Humberto de La Calle, y los de las FARC, liderados por Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez.

En el primer día de negociación se espera que las partes aborden el punto inicial de la agenda: el desarrollo rural integral, que comprende temas como el desarrollo agrario y la distribución equitativa de la tierra. Los demás puntos, a desplegarse posteriormente, serán: la participación política, el fin del conflicto, las drogas ilícitas y las víctimas.

De esta forma, y luego de varios meses de negociación secreta, el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC comenzarán en La Habana la segunda fase del Acuerdo para la Terminación del Conflicto, firmado por las partes en Oslo, Noruega, el pasado 18 de octubre.

Para hablar sobre el inicio de los diálogos, la agencia de prensa del Instituto Popular de Capacitación (IPC) consultó al periodista, politólogo y docente de la Universidad de Antioquia, Gonzalo Medina Pérez; a la socia y ex presidenta del IPC, Martha Peña; y al ex asesor de paz de la Gobernación de Antioquia, Jaime Fajardo Landaeta, quien fue negociador de paz entre el EPL y el gobierno colombiano.

Estos tres analistas se refirieron a cuatro temas particulares: las expectativas en el primer día de diálogo, la participación de la sociedad civil, el factor del tiempo y el posible aumento de la confrontación armada en el país.

Primer día de diálogos

Para Jaime Landaeta en el primer día de diálogos, “la expectativa fundamental está en aclarar y desarrollar la agenda establecida, porque en Oslo no quedó suficientemente claro ni para el país ni para la opinión internacional.”

De acuerdo con el ex asesor de paz, “si se aclaran y se exponen los puntos establecidos, se le va a dar mucha confianza al proceso”. El analista manifestó además que “indudablemente el tema agrario va a ser fundamental para las FARC porque es un interés de ellos, pero también es un interés de las víctimas y de los campesinos en zonas de conflicto.”

Sobre el tema de la tierra, Martha Peña, expresó que es muy importante tenerlo en primera plana, más aún cuando en Colombia existen problemas de desigualdad en la distribución de predios y algunas dificultades con la restitución.

“Venimos recientemente de hablar incluso de la conformación de un ejército anti restitución en Colombia. Y todos sabemos que el tema de la restitución no estaba abordando el tema de redistribución”, aseveró la socia del IPC.

Martha Peña reconoció que este tema es muy delicado y planteó que desde diferentes sectores de la sociedad, es necesario “solicitarle a esa mesa y sobre todo al gobierno colombiano, que de señales de que está dispuesto a tocar el tema de la distribución.”

Gonzalo Medina coincidió en afirmar que la tenencia y la titulación de la tierra “es uno de los temas centrales, no sólo de la agenda del proceso sino del conflicto armado colombiano.”

El politólogo explicó que el conflicto por la concentración de predios ha inspirado las luchas agrarias y los movimientos insurgentes. Y a su vez, algunos sectores agroindustriales, ganaderos y grandes terratenientes, se han opuesto a esas luchas, valiéndose incluso de grupos paramilitares.

Dada la complejidad de esta problemática, Gonzalo Medina piensa que en el tema agrario “habrá muchas opiniones en contra, por parte de los sectores gremiales.” Por eso, según el académico, estos sectores no deben quedarse por fuera si se consolida un acuerdo.

“Quiérase o no, hay que contar con los ganaderos, los terratenientes y todas estas organizaciones gremiales que han ejercido el monopolio sobre la tierra y han contribuido a la conformación de paramilitares”, aseveró el politólogo.

Participación ciudadana

Uno de los aspectos que ha despertado más inquietudes y que aún no termina de clarificarse, es la forma como participará la sociedad civil en el proceso de paz. Por eso varios sectores siguen reclamando espacios y mecanismos de participación.

Esas solicitudes dieron pie a la realización de siete Mesas Regionales de Paz, lideradas por la Comisión de Paz  de Senado y Cámara, que recogieron propuestas de la sociedad civil para presentarlas en la mesa de diálogo.

De igual manera, habrá un sitio Web a través del cual las partes del proceso informarán sobre los avances de las negociaciones y, a la vez, recibirán propuestas de la ciudadanía sobre los temas de la agenda.

Sin embargo, para Martha Peña la participación sigue siendo un déficit en el proceso, “porque no hay una representación de la sociedad en su conjunto.” Ella, piensa que “el Estado colombiano debiera concebir una movilización más grande de la sociedad.”

Lo complicado, según la socia del IPC,  es que la vocería en este tema no la asumirá “ni el gobierno colombiano, que está demostrado que no ha tenido mucho interés en una auténtica participación de la sociedad, ni tampoco las FARC que piensan que vía violencia van a lograr transformaciones, (…) lo cual, por el contrario, destruye más todas las posibilidades de participación de la sociedad.”

La voluntad política, será un factor importante para posibilitar la participación civil en este proceso, como afirmó Gonzalo Medina, al explicar que de ella depende la disposición real de las partes para acoger las propuestas ciudadanas.

El politólogo advirtió que deberá existir un buen mecanismo para procesar las iniciativas que lleguen a la mesa de diálogo y reveló que a la sociedad la ve en proceso de aprendizaje, porque “no tenemos mucha tradición ciudadana cuando se ha tratado de buscarle salida política al conflicto armado colombiano.”

Pero Gonzalo Medina aseguró que es muy importante abrir “la posibilidad de que participen sectores que vienen teniendo una participación importante en el ámbito de lo público y sobre todo en relación con el conflicto armado.”

Además, el académico advirtió que los medios de comunicación “deben ser conscientes de que su mejor contribución es respetando el desarrollo propio del diálogo.” Según él, los afanes de “chiviar” revelando información confidencial o diferencias entre las partes, pueden afectar el proceso.

En esa perspectiva Jaime Landaeta, reconoció que es fundamental que las FARC y el gobierno organicen el asunto de la participación ciudadana, pero aclaró que “no se puede esperar una participación directa en la mesa de diálogo”, ni de columnistas ni de analistas, ni de la misma ciudadanía.

“Eso es un problema de las partes. Me parece que ahí hay una equivocación, en lo que es abrir los escenarios de participación de la gente y creer que el problema se define llevando voceros de la sociedad civil a la mesa de negociación”, aclaró Landaeta.

Pero, por otro lado, el ex asesor de paz planteó que la comisión negociadora del gobierno debería abrir “canales directos de interlocución con los alcaldes y gobernadores, quienes a última hora son los que van a llevar el peso de la negociación, para que no suceda lo que pasó con la desmovilización paramilitar.”

El tiempo en las negociaciones

Un factor fundamental y que según algunos analistas podría generar tensión, es el tiempo que tomarán las negociaciones. En reiteradas ocasiones el gobierno ha dejado claro que espera un proceso ágil, incluso el presidente Juan Manuel Santos expresó que a mediados del próximo año deberían existir acuerdos en el primer punto de la agenda.

Por su parte, las FARC han planteado que el proceso no debe tener plazos definidos, como afirmó Ricardo Téllez, alias Rodrigo Granda, el pasado mes de septiembre en La Habana, Cuba. “No se puede poner un tiempo fatal para la paz.”

En este asunto, es necesario entender que el gobierno y las FARC tienen diferentes nociones del tiempo. Gonzalo Medina explicó que el campo tiene dinámicas que se mueven de manera lenta, a diferencia del acelerado ritmo de la ciudad.

Las FARC son una guerrilla que precisamente por esa razón y por tener una existencia de tantos años no tiene afán. Ellos están ahí y se toman todo el tiempo del mundo para cualquier cosa. Así como lo tienen para un diálogo o un proceso, lo tienen para la acción armada. (…) En cambio del otro lado está el tiempo de un espíritu pragmático, como es el caso del presidente Juan Manuel Santos, quien es muy del resultado inmediato y de efectos rápidos”, explicó el académico.

Aunque el presidente Santos aceptó negociar en medio del conflicto y avanzar en los diálogos hasta que existan acuerdos, Gonzalo Medina piensa que el mandatario presionará para que haya concreción. Por eso afirmó que el tiempo “puede ser un punto de tensión entre los dos actores.”

Paradójicamente, Jaime Landaeta planteó que para las FARC también es importante que los tiempos sean ágiles “porque no se puede llegar al próximo debate electoral sin haber definido los temas centrales de la agenda de paz y sin haber tomado una decisión frente al cese al fuego, porque es indudable que si las FARC quieren participar en política debe ser en el próximo debate electoral y no para dentro de ocho años.”

Martha Peña coincidió en expresar que las FARC deben darle agilidad al acuerdo de paz, pero centró su argumento en que la sociedad reclama la terminación del conflicto; en especial luego de la desconfianza que generó el último proceso de negociación, durante el gobierno de Andrés Pastrana, y de las “salidas de guerra o de tierra arrasada del gobierno anterior”, el de Álvaro Uribe Vélez.

“Entonces yo creo que las FARC deberían tener en cuenta que actualmente hay más impaciencia de la sociedad colombiana para decir que hay que parar la guerra y cesar las confrontaciones. Yo creo que eso –alargar el proceso- no es positivo”, aseguró la socia del IPC.

Confrontación armada en Colombia

Uno de los principales reclamos de la sociedad civil, especialmente de quienes sufren con más fuerza el rigor de la guerra, es que las partes cesen la confrontación armada. Sin embargo, el acuerdo entre el gobierno y las FARC fue contemplado para pactar en medio del conflicto.

El presidente Santos reconoció desde un principio que las hostilidades de la guerrilla podrían incrementarse y, a la vez, aseguró que las acciones militares del Estado no cesarán. Por su parte, la guerrilla ha intensificado sus ataques en varios departamentos, principalmente en Cauca, Valle y Chocó.     

Por eso, Gonzalo Medina partió de que la relación entre guerra y paz “no es excluyente ni opuesta. Muchas veces cuando se habla de paz es cuando más se intensifica la guerra o, viceversa, cuando más agudizada la guerra es cuando surge con mayor claridad la posibilidad de una solución negociada.”

Desde este punto de vista, el politólogo no se hace muchas ilusiones, porque existe la posibilidad de que las hostilidades se mantengan o se prolonguen. “Hay ocasiones, cuando existe un punto de discusión en una agenda, en que la manera de hacer sentir esa tensión no es propiamente en la mesa de diálogo sino fuera de ella,  por ejemplo en el campo a través de acciones armadas.”

Por su parte, Martha Peña es partidaria de las solicitudes del movimiento por la paz para el cese de hostilidades. Por eso ella opinó que “es lamentable que ese proceso se esté desarrollando en medio de una confrontación y de los anuncios de que esa confrontación no va a cesar.”

Sobre esta situación, Jaime Landaeta aseguró que los colombianos “tenemos que acostumbrarnos a una negociación en medio del conflicto aunque no sea lo ideal.” Según el analista, si el problema de las hostilidades se pone en el centro del debate, se podría perder de vista el núcleo del proceso que es: la agenda de paz previamente acordada.

“O sea lo que vamos a solucionar es la confrontación y eso lo solucionamos con una agenda, con unos puntos, con unos programas bien construidos y no únicamente diciendo que cesen los fusiles”, aclaró el ex asesor de paz.

Retomando la posición de Landaeta, vale concluir que la sociedad civil debe rodear esta negociación y participar en la construcción de propuestas para que exista un cese al fuego definitivo en el conflicto armado colombiano y comience así el camino de la paz y la reconciliación.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La paz debe incluir a todos los sectores


Un eventual escenario de pos conflicto en Colombia debería garantizar soluciones para problemáticas como la tenencia de la tierra, el impacto de la minería a gran escala, la superación de la inequidad y la reparación integral de las víctimas. Estos fueron algunos de los  planteamientos, hechos por diferentes sectores de la sociedad civil, durante el Diálogo Social y Político por la Paz – Antioquia Habla, realizado en el recinto de la Asamblea Departamental.

De fondo, el mensaje fue el de construir una paz participativa e incluyente, que tenga en cuenta a los sectores más vulnerables de la población y atienda de las necesidades históricas de la ruralidad colombiana. Una paz que se extienda a todo el país, resolviendo las dificultades coyunturales de cada región y comunidad.

“La salida negociada del conflicto es nuestra apuesta, pero sin condiciones.” Con ese planteamiento Ángela Salazar, representante de la Mesa Departamental de Víctimas de la Sociedad Civil, expresó la necesidad de que el proceso de paz llegue a acuerdos sólidos y de que se cumplan todos los compromisos, en especial el de revelar toda la verdad.

“En Colombia hay un fenómeno particular y es que éste el conflicto armado más largo que se ha tenido en toda América, y hemos empezado a trabajar el tema de la negociación a retazos, pero nunca se ha tocado el tema de una verdad contundente, de esa verdad histórica”, manifestó Ángela Salazar.

Además, esta líder aclaró que el compromiso no sólo debe ser de la guerrilla de las FARC, “sino también del Gobierno que, de igual forma, debe aportarle a esa verdad” y agregó que las víctimas “tener representatividad y participación en esta mesa de diálogo.”

De otro lado, William Carupio, presidente de la Organización Indígena de Antioquia (OIA), recibió con satisfacción el espacio de diálogo convocado en la región antioqueña, al considerar que es un primer paso para que la sociedad empiece a incidir en el proceso de paz exponiendo los temas que le preocupan.

En su intervención, Carupio habló sobre la necesidad de que se respeten los territorios de los indígenas, los cuales han sido utilizados como espacios de guerra por los diferentes actores armados, poniendo en riesgo la vida de los nativos.

Otra situación que preocupa al presidente de la OIA y que, según él, debería ser analizada en un escenario de pos conflicto, es la incidencia de la minería a gran escala en las comunidades indígenas.

“Cuando se habla de paz también debería incluirse la minería y la afectación que causa en los territorios indígenas”, expresó Carupio al señalar que, en varios de sus territorios, las trasnacionales y las grandes empresas mineras han venido desarrollando sus actividades sin el consentimiento de los indígenas.

Por su parte, el coordinador regional de la Asociación Tierra y Vida, Carlos Paez, declaró que ve con esperanzas el proceso entre el gobierno y las FARC, porque “creemos es que sí hay una verdadera salida negociada de paz, nosotros como reclamantes vamos a tener una oportunidad mayor de cara a la restitución.”

Sin embargo, el líder de tierras mostró su preocupación por los otros grupos ilegales, principalmente de narcotráfico y bandas criminales, que continuarían delinquiendo en el país, a pesar del proceso con las guerrillas. Por eso le hizo un llamado al gobierno, para que busque la desmovilización de todas las organizaciones armadas; “porque si se desmovilizan unos y se quedan otros, la sociedad civil sigue sintiendo y sufriendo la guerra.”

Para finalizar, Carlos Paez, destacó la importancia del espacio de diálogo regional por la paz, que se abrió Antioquia. “Es que acá está viviendo la gente que ha sido realmente afectada por estos grupos, de una y otra parte, entre el fuego cruzado. Entonces queremos que el gobierno nacional tenga en cuenta las sugerencias que hacemos nosotros como sociedad civil y como víctimas del conflicto.”

Justamente, la participación de la sociedad civil es uno de los aspectos más importantes en la construcción de una paz duradera, en un eventual escenario de pos conflicto. Así lo explicó Diego Herrera Duque, presidente del Instituto Popular de Capacitación, una de las organizaciones que convocó este espacio.

“Si el acuerdo inicial de terminación del conflicto logra llegar a feliz término, se abriría un espacio de discusión frente a las agendas de paz en el país y es fundamental que Antioquia, por la participación que ha tenido en la guerra, tenga una iniciativa política y un liderazgo para asumir este tema en un escenario posterior”, señaló el líder social.

Herrera Duque indicó que además que otra de las intenciones de este diálogo regional por la paz, es “dejar instalada la discusión frente a la posibilidad de desarrollar los concejos territoriales y municipales de paz, que están contemplados en el sistema nacional de paz desde la época del ex presidente Samper y que, pensamos, hoy son una buena oportunidad como mecanismo de interlocución entre gobierno, autoridades y sociedad civil.”


Autoridades regionales deben unirse en torno a la paz

Una alianza entre la Asamblea Departamental de Antioquia y el Concejo Municipal de Medellín para trabajar el tema de la paz, planteó el concejal de la capital Antioqueña, Luis Bernardo Vélez, quien señaló que “este asunto no es sólo de Medellín y el Área Metropolitana sino de toda Antioquia, porque la suerte de la ciudad está ligada al departamento.”

Para el concejal, “este tipo de encuentros deben servir para plantear una agenda común que ponga a conversar a Medellín con los municipios de Antioquia en pleno, al Concejo de la ciudad con la Asamblea Departamental y a los actores sociales, como las mujeres que han sido las mayores víctimas de este conflicto; los discapacitados; los indígenas y los afros...”

El edil hizo énfasis en que es necesario romper las condiciones de pobreza y desigualdad que afectan a la región, y en el general al país, para garantizar una paz duradera porque, según planteó, la guerra no termina con la dejación de las armas.

En ese sentido, Luis Bernardo apoyó la iniciativa de reactivar los concejos departamentales y municipales de paz, “que tendrían que apuntar a definir cuál es el escenario, o el campo favorable, para encontrar en la paz mucha más equidad y justicia social.”


Un balance favorable

Como una jornada muy positiva calificó el diputado Edison Muñoz Ciro, integrante de la Comisión de Paz y Derechos Humanos de la Asamblea de Antioquia, la instalación del Diálogo Social y Político por la Paz. Este fue el balance entregado por el edil:

Primero la participación de las organizaciones de la sociedad civil, las organizaciones de jóvenes, víctimas y mujeres, etc., enriqueció el debate y lo llenó de altura. Creo que ese fue un aspecto muy positivo.

Lo segundo es que, en general, todas estas personas manifestaron: “listo que realicen la negociación con la agenda pactada, pero que se reconozca la necesidad de reconocer los derechos de las víctimas y de repararlas integralmente.”

Tercero salió la propuesta del concejal –Luis Bernardo Vélez- de realizar una acción conjunta entre Concejo y Asamblea. Bienvenido eso.

Lo cuarto es que ya recibimos una comunicación del gobierno nacional donde reconocen el evento y nos piden que les informemos y participemos. Ese era uno de los objetivos, integrarnos al proceso nacional.

Y quinto, la voluntad de la asamblea de pronunciarse ante el gobierno nacional y de darle continuidad a este proceso.

A mí me pareció que fue muy positivo lo que logramos, fue estratégico, tomamos un liderazgo a nivel nacional como departamento y le dimos toda la relevancia a las organizaciones de la sociedad civil.


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martes, 30 de octubre de 2012

En Antioquia se habla de paz


La esperanza de una solución negociada al conflicto colombiano, encarnada en el acuerdo de negociación entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, alienta cada vez más el deseo de la sociedad de participar en la construcción de la paz. En Antioquia, esa aspiración se condensó en la propuesta de realizar un diálogo que convoca a los gremios, a las organizaciones sociales, a la clase política y a la ciudadanía en general.

El Diálogo Social y Político por la Paz – Antioquia Habla, tendrá lugar el 31 de octubre en el recinto de la Asamblea de Antioquia entre las 9:00 de la mañana y las 12:30 del día. El encuentro es organizado por la Comisión de Paz y Derechos Humanos de la Asamblea Departamental con el apoyo de varias organizaciones sociales, entre ellas la Corporación Nuevo Arco Iris y el Instituto Popular de Capacitación.

“El objetivo es apoyar el proceso de paz, pero sin ponerle ningún punto adicional a la agenda, porque se reconoce que ya hubo un paso muy importante que dieron -el gobierno y las FARC- y requerimos que firmen ese acuerdo, para que en la etapa de pos conflicto haya una verdadera reparación integral a las víctimas y se incluya significativamente a la sociedad civil”; expresó el diputado Edison Muñoz Ciro, integrante de la Comisión de Paz y Derechos Humanos de la Asamblea de Antioquia.

El edil del partido Verde, agregó que en este espacio se van a “mirar las distintas posiciones que planteen los sectores invitados, sobre la necesidad de la paz, el costo económico, las implicaciones, la necesidad de que las víctimas sean incluidas y la necesidad de que la sociedad civil sea promovida; pero todo en el marco del pos conflicto.”

Y es que la paz sólo se empezará a construir cuando exista un acuerdo de cese al fuego, con base en los puntos de la agenda de negociación. Así lo planteó el director de la Corporación Nuevo Arcoiris, Alfredo Aguirre López.

“…Ahí ellos no van a firmar la paz, sino un acuerdo de cese al fuego sobre unas premisas importantes que están contenidas en el acuerdo. Pero la paz es la que empezamos a construir después de que ese acuerdo se firme y esa paz es la que tenemos que construir los integrantes de las organizaciones sociales y la sociedad civil conjuntamente con el gobierno”, manifestó el director de Nuevo Arcoiris.

Para avanzar en ese propósito, las organizaciones sociales insisten en la reactivación del concejo departamental y los concejos municipales de paz, con el ánimo de preparar a las comunidades y a las autoridades civiles para una época de pos conflicto. 

“De tal manera que podamos reforzar la constitución del 91 en lo que tiene que ver con participación ciudadana, en la discusión de los problemas sociales, económicos y políticos del país, así como en los problemas de la democracia; y que ahí construyamos esa agenda que se significa la reconciliación del país, después de que se firme ese acuerdo de la habana”, explicó el dirigente social.

Alfredo Aguirre agregó que “el llamado es sobre todo a las autoridades departamentales y municipales en Antioquia, para que hagamos causa común en el respaldo de esta negociación y no nos dejemos achicar por los que siguen pensando que la guerra es el mejor camino para resolver los conflictos.”

En ese sentido, José Girón Sierra, socio del IPC experto en temas de paz y conflicto, argumentó que aunque la negociación y el cese al fuego son momentos difíciles, la parte más compleja del proceso ocurre después del acuerdo.

La situación más complicada se sitúa propiamente en el periodo de tiempo que viene después de esas negociaciones, porque no solo implica la instalación en la sociedad de ese grupo de personas que estuvieron levantadas en armas (…) también es que la sociedad misma y los gobiernos se atrevan a remover las causas subjetivas y objetivas que originaron ese conflicto, para darle sostenibilidad al proceso”, explicó José Girón.

Según el socio del IPC también se debe tener en cuenta que el conflicto tiene efectos y expresiones diferentes en cada región, por eso es pertinente “que las regiones desarrollen una discusión amplia, que comprometa no sólo a los gobiernos locales sino a la sociedad misma; (…) para visualizar las implicaciones que eso tendría en la misma región, en términos de conseguir una paz estable y duradera.”

Por su parte la diputada de la Asamblea de Antioquia, Orfa Nelly Henao Giraldo, manifestó que la paz duradera no será posible si hoy no existen políticas claras sobre el futuro de los reinsertados y sobre la forma de prevenir la violencia desde la inversión social.

De ahí, la importancia de que “la sociedad civil, los gremios, las ONG´s y todas las organizaciones públicas y privadas participen en este gran proceso, porque la paz es un sueño para todos, pero se construye con participación”, afirmó la diputada conservadora.

Para Orfa Nelly Henao también es importante que el espacio de diálogo social y político que se inicia en Antioquia pueda extenderse a otros departamentos del país, porque “si acá tenemos un proceso y un trabajo de mesas de diálogo regionales, que no se tiene en todos los departamentos, no se va a lograr el objetivo, no se va a poder hablar de paz.”

En palabras de Orfa Nelly, el deseo de este proceso es “dejarles un mejor país a nuestros hijos y nietos.” Para lograrlo no basta con terminar la guerra, también se hace necesario congregar a todos los sectores de la sociedad para que aporten sus propuestas y ratifiquen su compromiso con la construcción de un país. 

viernes, 26 de octubre de 2012

Acuerdo de diálogo revive esperanza de paz

Como positiva calificaron algunos analistas la iniciativa del gobierno colombiano y de la guerrilla de las FARC de adelantar acercamientos de paz. Los expertos, consultados por la agencia de prensa del IPC, manifestaron que la discreción, el cese al fuego, la participación política y el acompañamiento de la sociedad, son elementos claves para avanzar en un acuerdo que permita ponerle fin a 50 años de conflicto.

Mientras para algunos hay que tener esperanza pero sin ser triunfalistas; para otros, las situaciones que propiciaron este acuerdo de diálogo tendrían la connotación particular de que ambas partes quieren terminar la guerra. El desafío es que no se repitan los fracasos del pasado.

Sin embargo también existe temor por los enemigos que podría tener el proceso de paz, ya que históricamente algunos sectores se han opuesto a la negociación con las guerrillas, por lo cual se hará necesario brindar condiciones óptimas de seguridad.

Del proceso, los analistas destacaron la manera reservada como se han manejado los acercamientos iniciales y apoyaron la estrategia de efectuar conversaciones en el exterior; como se conoció el lunes 27 de agosto, cuando el canal Telesur reveló que representantes del gobierno colombiano y de las FARC habían firmado un acuerdo de diálogo en La Habana, Cuba.

La versión del medio venezolano, indica que este proceso de paz contaría con el acompañamiento de Venezuela, Cuba y finalmente Noruega, país donde se instalarían formalmente los diálogos en el mes de octubre.

Por su parte el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, reconoció que se han desarrollado “conversaciones exploratorias” con las FARC, con el propósito de adelantar un eventual proceso de paz. El mandatario agregó que esos acercamientos se rigen bajo tres principios: aprender de los errores del pasado, desarrollar un proceso que debe llevar al fin del conflicto y mantener las operaciones militares en todo el país.

Para abordar estos acercamientos de diálogo desde diferentes posiciones, la agencia de prensa del Instituto Popular de Capacitación consultó al analista en temas de paz, Morris Hackerman; al gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo Valderrama; al director de la Corporación Nuevo Arcoiris, León Valencia; y al experto en temas de paz y conflicto, del Instituto Popular de Capacitación, José Girón.


Me parece buena cosa que el país busque soluciones diferentes a la acción militar únicamente y me parece que se debe producir un cese al fuego, lo más rápido posible, para aclimatar las condiciones de seguridad que el proceso requiere, porque de resto es muy riesgoso adelantar una negociación. Y pienso que se puede transitar hacia la reinserción social de forma rápida, si realmente el proceso de paz abarca a otros actores más adelante y no sólo a las FARC.

¿Qué piensa acerca de la reserva con la cual se han manejado estos diálogos?

Me parece absolutamente necesario. Me parece que generar las condiciones de confianza exige prudencia y confidencialidad; y el hecho de que se desarrollen en un país fuera de Colombia, como puede ser Noruega, es absolutamente útil porque Noruega es un país de alta experiencia en procesos de paz.

¿Qué condiciones se necesitan para lograr el éxito de esos diálogos? Es decir, que se llegue a un acuerdo de paz y no haya decepciones como en ocasiones anteriores

Primero atenderlos con realismo, la guerrilla no puede pedir que se haga la revolución por decreto desde el Estado, la guerrilla tiene que reconocer que no salió victoriosa de esta confrontación y tiene que reconocer que la sociedad opta, en su mayoría, por las condiciones estatales que hay actualmente.

Y segundo que el establecimiento sea realista y no piense que un proceso de paz es gratis sino que tiene que sacrificar niveles de concentración de la riqueza y tiene que haber una mayor redistribución del ingreso para acabar con las condiciones que han producido este conflicto.

Además de estos asuntos de equidad y redistribución de riqueza ¿Qué otros temas serán claves en estas negociaciones?

El tema de la tierra, el tema de la verdad y la reparación, el tema jurídico propio del tránsito hacia la paz, el tema también de que la sociedad tiene que saber perdonar y avanzar, en el tiempo, en un proceso de participación social y política y de amplitud de la democracia en Colombia.


En primera instancia a mi me parece muy bien, yo siento y creo que es una obligación de todo presidente buscar la paz; ese capítulo que queremos escribir todos los que estamos en Colombia y en particular los que estamos en la vida pública. Yo hago parte de una generación que toda la vida creció en el marco de una violencia en el país.

Ahora, ¿Qué camino recorrer? y ¿Cómo hacerlo? Ese es otro tema, más allá de la intención de tener la paz en Colombia por medio de una negociación. Ahí son muchas las lecciones que tenemos que aprender y por el momento como se ha dicho: el presidente es el que tiene las llaves en el bolsillo.

Yo particularmente estoy atento a ver cómo saca esas llaves para ver de qué forma nosotros, desde Antioquia, contribuimos a la paz de Colombia. Antioquia la necesita, nosotros hemos sufrido la violencia en todas sus formas y manifestaciones posibles, por eso estoy seguro de que nos traería mucho bienestar en el departamento antioqueño.

En ocasiones anteriores usted ha planteado  que las regiones deberían jugar un papel fundamental en los procesos de paz ¿Por qué es tan importante incluirlas?

Lo que yo he dicho es que si las regiones no participan en el tema de la paz, si no hay un conocimiento directo del territorio, de lo que ha ocurrido y de lo que nosotros hemos vivido, se comete un error muy grande. Las guerrillas no están en Bogotá, para utilizar una expresión sencilla, están fundamentalmente en el campo de Colombia y es crucial entender el territorio para que tengamos, espero yo, un proceso que conduzca a lo que tiene que ser, que es la paz.

¿Qué otras condiciones se necesitan para lograr un acuerdo de paz?

Yo creo que hay una muy importante y es: las FARC tienen que tener la decisión de dejar las armas. No se puede llegar a conversar para ver si sí o si no. Si tienen la decisión de dejar las armas, que es la más difícil y la más poderosa de todas, pues se encuentra el camino. 

Pero lo que ha pasado las otras veces es: vamos a ver, hablemos a ver cómo nos va. Eso no puede ser, tiene que haber una decisión de dejar las armas, si no hay esa decisión se convierte esto en un forcejeo político, se dilata, se convierte en un mecanismo para sacar ventajas. Ese capítulo ya lo vimos en Colombia y no podemos volver a repetirlo.


El tema de los acuerdos de diálogo cambia la agenda del país y genera una esperanza importante para Colombia. Yo creo que el gobierno del presidente Santos va a estar marcado por eso durante estos dos años.

Pienso además que el Gobierno y las FARC tienen como una idea muy parecida frente a que este acuerdo, o este acercamiento, es para terminar la guerra; porque se le oyó a Fabián Ramírez eso y ahora se le oye a Santos. Entonces sería una negociación para terminar la guerra y no para hacer acuerdos parciales.

Eso si es novedad en Colombia porque aquí se han sentado a la mesa sin interés, en un final abierto. En cambio ahora es una novedad que coincidan en que cuando se sienten a la mesa es para terminar la guerra, lo que llaman un final cerrado.

Usted dice que en estos dos años que le restan, el presidente Santos seguirá en pro de buscar una salida dialogada al conflicto ¿El primer mandatario ya venía preparando el terreno con temas como el marco jurídico para paz, por ejemplo?

Eso ha sido muy calculado. Esta negociación a diferencia de la de San Vicente del Cagúan y de la de Santa Fe de Ralito –la primera con las FARC, durante la presidencia de Andrés Pastrana, y la segunda con los paramilitares, durante el gobierno de Álvaro Uribe- es una negociación muy preparada, muy calculada. Se ha preparado desde el primer momento, buscando acercamientos, armando un equipo de asesoría que oriente al presidente en ese tema. Eso ha sido en secreto pero muy preparado.

¿Es bueno que se hayan manejado estos acercamientos de paz con tanta reserva?

Es que es muy necesario porque los procesos exitosos en el mundo han tenido un tiempo de diplomacia secreta y acá en Colombia hay muchos enemigos de ese tema. Entonces hacer las cosas en secreto hacía que se protegiera un poco lo que se estaba hablando.

Ahora qué se hizo público ese acuerdo de diálogo entre el gobierno y las FARC, ¿es posible que esos enemigos del proceso traten de interferir?

El Cagúan tuvo un enemigo militar que fueron los paramilitares. Ahora los paramilitares desaparecieron como estructuras nacionales, esperemos que no surja un enemigo militar muy fuerte. Se está intentando que sean las propias fuerzas militares las que se levanten contra ese proceso de negociación. Eso es lo que está intentando el ex presidente Uribe. Si lo logra pues acaba con ese proceso.

¿Cuáles son las condiciones necesarias para hacer que este proceso de paz funcione?

Hay que derrotar políticamente a Uribe, esa es la primera condición. Las FARC deben dejar las armas, eso es lo que pide la sociedad. Y el Gobierno tiene que incluirlos políticamente; lo primero es que tiene que proteger la marcha patriótica y darles espacio para que hagan política, para que participen en las elecciones de 2014. En cuanto a las víctimas hay que avanzar en el proceso de reparación y restitución, además ir más lejos en procesos de reforma.



Indudablemente una de las cosas más importantes de la intervención del presidente, el 27 de agosto, fue que realmente volvió a colocar la paz como tema público. Tema que definitivamente había sido eliminado, casi que estigmatizado, durante los ocho años de gobierno del ex presidente Uribe.
Entonces volver a colocar la paz como tema público es un hecho indudablemente muy positivo, porque vuelve a situar el tema en la sociedad y vuelve a poner algún debate sobre una negociación política, sobre cuáles son los actores que realmente van a hacer eso y sobre qué tipo de transformaciones podrían ocurrir en la sociedad eventualmente.

Sin embargo pienso que es necesario ponderar un poco los alcances de una propuesta de esta naturaleza. En primer lugar hay que guardar las reservas necesarias y guardarse de un entusiasmo, yo diría, prematuro. Esto por varias razones: primero, por la experiencia que ha tenido el país en procesos de negociación fallidos y, segundo, porque me parece un poquito exagerado calificar una posible negociación con las guerrillas como si fuera la ruta hacia la paz.

Esto último sobre todo por los cambios que ha tenido el conflicto. Es que ciertamente una negociación con las guerrillas se traduciría en resolver el problema con uno de los actores de violencia más importantes que tiene el país, pero eso no es la paz. Porque hay un conjunto de factores que si no se tocan harán que el país viva unas condiciones de violencia relativamente importantes. Quiero señalar en específico todos los factores de violencia que circundan el narcotráfico. Y hablo en particular de las BACRIM o del paramilitarismo que sigue muy activo y sigue creciendo.

¿En este proceso que condiciones deben existir para que eventualmente haya paz?

Yo creo que en primer lugar es necesario que este proceso viva una etapa de absoluta reserva, donde se lleven a cabo los contactos y los acuerdos básicos sobre el proceso de negociación. Pero me parece que esta negociación sino se hace de cara a la sociedad y no incluye a importantes sectores sociales, para que participen de manera activa, podría conducir a tener un proceso en el que estaría faltando un componente sustancial.

La sociedad debe participar en la construcción de esa negociación, por lo menos en los acuerdos que van a implicar los aspectos básicos. Ese tercer actor, como se ha llamado en algunas circunstancias, no debe olvidarse y creo que es una preocupación porque yo lo que veo en el Gobierno y, de alguna manera, en la misma guerrilla, es que esto sea un acuerdo entre guerreros y no un acuerdo entre la sociedad, el Estado y los actores armados.

¿Cuáles cree que son esos aspectos fundamentales que serían negociados y que influirían en la transformación social?

Uno de los aspectos es que es necesaria una profunda reforma política, en primer lugar, que desarrolle todos los componentes participativos de la Constitución de 1991, me parece que hay un componente sustancial que es el tema de la tierra. Un acuerdo de paz con la guerrilla debe potenciar, profundizar, darle mucha más sustancia a la Ley de Tierras y la Ley de Víctimas y eso es un gran aporte que se haría en el campo de la construcción de la paz y la reconciliación.

Además yo creo que hay un conjunto de políticas públicas que tienen que ver directamente con la inclusión, bien se sabe que Colombia es uno de los países más inequitativos del mundo, y yo creo que deben crearse las condiciones. No es que la negociación por sí misma produzca la inclusión, pero si deben crearse las condiciones para que la riqueza llegue a más personas y se resuelvan muchos problemas de inequidad en el país.

¿Cómo garantizar que no ocurran casos como el de la Unión Patriótica?

Precisamente ahí está el problema, yo creo que una negociación con las guerrillas se mantiene en la lógica de las negociaciones parciales. En ese sentido, es un problema para consolidar un proceso de paz. Mientras existan actores ilegales, particularmente el paramilitarismo que ahora está creciendo desaforadamente con el tema minero, va a haber posibilidades de que cualquier tentativa de democratizar la sociedad, de resolver problemas como la tierra y la inequidad, encuentre en la vía de la eliminación una manera de frenar esos procesos sociales.

Entonces eso es una amenaza que hay en el país y yo creo que el debate que han introducido distintos ex presidentes, teóricos y analistas, de que es necesario replantear el tema de las drogas, es otro elemento de fondo que tiene la consecución de la paz en Colombia.